El Lobo de los Balcanes

Las serpientes no sobreviven el invierno solas.

Mi abuelo me contó una historia cuando era niño.

En Serbia, los inviernos son largos. La nieve cubre todo. Solo los que saben esperar sobreviven.

Me dijo que los lobos serbios son diferentes a otros lobos. No cazan por hambre. Cazan por necesidad. No atacan por rabia. Atacan por justicia. Y nunca, nunca, atacan primero.

Pero cuando alguien toca a sus crías, el lobo cambia.

No grita. No amenaza. No muestra los dientes.

Simplemente deja de ver al agresor como parte del mundo.

Y lo que el lobo no ve, deja de existir.


Mi abuelo tenía una cicatriz en la mano.

Le pregunté una vez cómo se la hizo.

Me dijo que de joven encontró una serpiente medio muerta en el camino. Era invierno. La serpiente no sobreviviría sola. Mi abuelo, que tenía buen corazón, la recogió. La llevó a casa. La puso cerca del fuego. Le dio calor. Le dio comida. Le dio vida.

La serpiente se recuperó.

Y una mañana, sin razón, mordió a mi abuelo en la mano.

Mi abuelo la miró. No con rabia. No con sorpresa. Solo la miró.

Y la serpiente, en ese momento, vio algo en sus ojos que la hizo huir.

No sé qué vio.

Pero nunca volvió.


Le pregunté a mi abuelo si la persiguió.

Me dijo que no.

Le pregunté si la buscó para vengarse.

Me dijo que no.

Le pregunté qué hizo entonces.

Me dijo:

"Nada. El frío hizo el trabajo. Las serpientes no sobreviven el invierno solas. Yo solo tuve que esperar."


Años después, entendí lo que mi abuelo me enseñó.

Las serpientes muerden porque es su naturaleza. No puedes culpar a una serpiente por ser serpiente. Pero tampoco tienes que salvarla dos veces.

El error no fue recogerla del camino.

El error sería abrirle la puerta de nuevo.


En Serbia tenemos una palabra: inat.

No tiene traducción exacta. Es algo entre terquedad, resistencia y orgullo. Es lo que nos hizo sobrevivir 500 años bajo ocupación. Es lo que corre por nuestra sangre.

Inat no es venganza.

Inat es algo más frío.

Es la certeza absoluta de que el tiempo está de tu lado. Que no necesitas actuar. Que solo necesitas seguir viviendo, construyendo, protegiendo lo tuyo.

Mientras el otro se destruye solo.

Porque siempre se destruyen solos.

El veneno que cargan es su propia condena.


Mi abuelo murió hace años.

Pero su historia vive en mí.

Cada vez que alguien me pregunta cómo manejo las traiciones, pienso en él. En la serpiente. En el invierno.

Y sonrío.

Porque el invierno siempre llega.

Y yo soy hijo de los Balcanes.

Sé esperar.

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