Hoy entrenamos, señor

Le escribí al maestro para confirmar el descanso. Le pregunté a los pelaos si querían quedarse. Las dos respuestas me dejaron sin excusa.

Hoy entrenamos, señor — Life

Lunes 18 de mayo. Festivo en Colombia. Llegamos a Medellín anoche tarde después de un fin de semana entero viajando con los pelaos. Cuerpo molido, espalda mamada, cabeza pidiendo cama por el resto del día. Abrí los ojos en la mañana y pensé lo único que un papá adulto y responsable piensa en un festivo: uf, qué chimba, hoy a descansar como Dios manda.

La cosa duró exactamente lo que tardó en escribirle al maestro.

"No señor — hoy entrenamos"

Mando el WhatsApp con toda la educación paisa del caso: "Maestro, hoy es festivo cierto, hoy descansamos, ¿correcto?". Pongo el teléfono boca abajo, respiro hondo, ya me veo en sofá.

Tres minutos. Vibra el celular. Doble check azul. Y la respuesta del maestro, seca como puñalada:

🥊
"No señor — hoy entrenamos."

Tres palabras. Sin emoji. Sin "si pueden", sin "si están con energía". Berraco. Ese man no negocia.

Plan B: usar a los pelaos como excusa

OK, pensé. Los pelaos también están cansados. Los pelaos viajaron lo mismo que yo. Los pelaos van a salvarme. Voy a preguntar y ellos van a decir "papi qué pereza, hoy no", y yo voy a poder responderle al maestro con la voz ofendida de "bueno maestro, los niños no quieren, qué se le va a hacer". Plan perfecto.

Entré a la sala. Cara de papá comprensivo. "Hoy es festivo, fin de semana fue duro, ¿descansamos hoy de MMA? Por una vez. Tranquilos."

Los dos, sin pensarlo dos segundos, en estéreo perfecto:

🥷
"Noo papi — vamos."

Ahí entendí algo que ningún libro de paternidad te explica: los pelaos están hechos de otra cosa. Mientras uno suma años, ellos suman energía. El cansancio del adulto es lujo. El cansancio del niño es un escalón antes del próximo brinco.

MMA Colombia vacío y los cuatro berracos solos

Llegamos a MMA Colombia. Vacío total. Los socios paisas haciendo lo que dicta la cultura del festivo: descanso, sancocho, siesta larga. Solo nosotros cuatro — el maestro y la familia entera — en ese tatami enorme.

Una hora. Brutal. Cardio, técnica, golpes en saco, defensa, suelo. El maestro le dio con todo, sin diluir la sesión porque éramos pocos — al contrario, más atención por cabeza. Yo intenté seguir el ritmo de los pelaos. Resultado predecible: ellos terminaron sonriendo, yo terminé buscando una pared dónde apoyarme.

Y mientras secaba el sudor en la silla pensé lo que todo papá piensa después de una clase así: el plan original era descansar. Salí más cansado de lo que entré. Y aun así, qué bacano. Qué nota tener una familia que cuando uno dice "descansamos" responde "vamos".

La moraleja del festivo que no fue

Tres cosas me llevo del lunes festivo en MMA Colombia:

Una: los maestros que valen la pena no te dejan saltar el entrenamiento. Te respetan demasiado para eso.

Dos: cuando los pelaos eligen entrenar antes que descansar, eso vale más que mil sermones sobre esfuerzo.

Tres: el descanso real no es el sofá. Es la satisfacción tirado en el sofá DESPUÉS de haber dado todo. El sofá tramposo — el de "no fui porque estaba cansado" — deja una sensación rara, una culpa baja pero constante. El sofá ganado — el de "fui, di la cara, vine molido" — es otro sofá. Es el sofá berraco.

Hoy fue de esos. Gracias, maestro. Gracias, pelaos. La próxima vez ni pregunto.

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